El origen del lago de Sanabria

El origen del lago de Sanabria
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La historia del origen del Lago de Sanabria se entreteje con las leyendas que adornan los lagos y lagunas a lo largo del camino. En tiempos pasados, antes de que el Lago de Sanabria reclamara el territorio donde ahora reposa majestuoso, existía Villaverde de Lucerna, una aldea rebosante de vida y labores campesinas. Sin embargo, fue una noche en vísperas de la celebración de San Juan cuando la aldea quedó sumida en un cambio irreversible.

En esa noche de tormenta, los cielos rugían con truenos y se iluminaban con destellos de relámpagos. En medio de este escenario, un peregrino cansado y hambriento llegó a Villaverde en busca de ayuda. Este peregrino, rechazado por la mayoría, tocó puerta tras puerta buscando clemencia. Fue en la última morada, donde dos hermanas cocían pan, que encontró compasión. Le ofrecieron resguardo y el pan recién horneado, gesto que cambió el curso de la leyenda.

El peregrino reveló su verdadera identidad: no era un simple mendigo, sino el mismísimo Jesucristo. La generosidad de las dos mujeres demostró ser una prueba crucial de la virtud de la aldea. Sin embargo, la decepción en el corazón del peregrino se tejió en una profecía de castigo. Invocó un acto mágico, clavando su bastón en el suelo y pronunciando palabras que iniciaron una transformación ineludible.

El suelo tembló y el agua emergió desde lo más profundo de la tierra en un torbellino creciente. Villaverde de Lucerna quedó sumergida bajo el agua, a excepción de un horno que, por designios desconocidos, escapó a la inundación. En lugar del horno, una pequeña isla se erigió en medio del Lago de Sanabria, marcando el lugar donde la aldea alguna vez floreció.

El tiempo prosiguió y la leyenda continúa, hablando de las campanas de la iglesia de la aldea sumergida. Se dice que los habitantes caritativos y amables de Puebla de Sanabria, en la mágica noche de San Juan, pueden escuchar el tañido de las campanas resonando a través de las aguas. Un recordatorio persistente de la generosidad que prevaleció en un momento de prueba y de cómo los actos de bondad pueden perdurar en el tejido de la historia y en el susurro de las aguas. Así, el Lago de Sanabria se convierte en el escenario de un relato que mezcla lo divino y lo terrenal, un testimonio de la magia que puede surgir de un acto de compasión en medio de la tormenta.

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