El puente de Zubiri o «Puente de la Rabia»

El puente de Zubiri o «Puente de la Rabia»
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Entre las numerosas leyendas que adornan el itinerario del Camino Francés, una de ellas encuentra su morada en el corazón de Zubiri, Navarra, donde se alza majestuoso un puente medieval del siglo XII sobre las aguas del río Arga. Este antiguo enclave, cuyo nombre en lengua vasca significa «pueblo del puente», es reverenciado como el icónico «Puente de la Rabia», un lugar impregnado de misterio y curiosas creencias.

La leyenda susurra que cualquier criatura que osa cruzar bajo los arcos de este puente es bendecida con un milagroso poder de curación, o se le inmuniza contra las dolencias, en especial contra la temible rabia. Es precisamente esta cualidad protectora la que ha otorgado al puente su sobrenombre. Otras versiones sugieren que la bendición no se limita al paso bajo los arcos, sino que el puente en su conjunto y, de manera más prominente, su pilar central, poseen una enigmática virtud.

Los cimientos de esta leyenda se hunden en el siglo XI, cuando se emprendió la construcción del puente. La edificación se encontró con desafíos al erigir el pilar central, lo que condujo a la excavación de la roca en la que éste se asentaría. En este acto de excavación, el pasado emergió en forma de los restos de una joven fragante, a quien identificaron como Santa Quiteria. A esta figura se le atribuyen milagros de sanación de la rabia, extendiendo su protección a los canes que se apaciguaban en su presencia.

En la actualidad, ya sea que los peregrinos emprendan el Camino en compañía de sus fieles compañeros peludos o no, el río Arga y el antiquísimo puente de Zubiri se alzan como parada ineludible. Un encuentro con estas aguas y la estructura medieval trae consigo la resonancia de siglos de creencia y misticismo. El puente persiste como un faro que guía tanto a viajeros como a sus acompañantes de cuatro patas, forjando un lazo entre el pasado y el presente a través de la continuidad de la leyenda. Es un punto de referencia arraigado en la tradición del Camino, una ventana hacia un tiempo en el que las leyendas tejían la realidad con hilos de maravilla y esperanza.

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