La bendición del peregrino en el Camino de Santiago

La bendición del peregrino en el Camino de Santiago
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El ritual ceremonial de bendición de los peregrinos en el Camino de Santiago otorga especial importancia a dos elementos distintivos: el morral y el bordón. Estos elementos tienen un propósito práctico y un profundo significado simbólico en la tradición jacobea. El morral, esportilla o escarcela, simboliza la fe, la autonegación y la generosidad en las limosnas, mientras que el bordón, también conocido como bastón, es visto como una «defensa del hombre contra los lobos y los perros», según el sermón Veneranda dies del Códice Calixtino. Este bastón no solo tiene una utilidad práctica en el viaje, sino que también representa la esperanza y, sorprendentemente, un sentido trinitario según el mismo sermón.

El morral tiene características simbólicas detalladas. Su forma estrecha sugiere la confianza en Dios y la necesidad de llevar provisiones modestas. Está hecho de cuero de una bestia muerta, lo que refleja la idea de mortificación a través de ayunos y sufrimientos. Además, su diseño abierto por la boca simboliza la generosidad y la disposición a compartir con los necesitados antes de recibir. Esta carga simbólica se entrelaza con la función práctica del morral como una despensa de viaje.

La bendición de estos elementos tiene un propósito protector y profiláctico para los peregrinos durante su viaje hacia Santiago. El Liber Sancti Iacobi, un texto medieval, registra una invocación en nombre de Jesucristo para recibir el morral y el bordón como apoyo en el viaje. La bendición busca superar los desafíos y garantizar un retorno seguro. Este acto litúrgico tiene lugar en las iglesias donde los peregrinos inician su camino. En ocasiones, la comunidad se une a los peregrinos en un breve recorrido como una especie de procesión.

La práctica ceremonial del ritual se refleja en una ilustración histórica de un Pontifical romano del siglo XVI, que muestra a un arzobispo bendiciendo morrales y bordones dispuestos en un altar. En la actualidad, esta bendición se ha extendido y es parte de las «misas del peregrino» en rutas jacobeas. Aunque inicialmente dirigido a los fieles católicos que asisten a la eucaristía, este gesto ha evolucionado para abrazar a peregrinos de diversas creencias y convicciones, demostrando su carácter inclusivo y ecuménico.

La bendición de morrales y bordones en el Camino de Santiago combina la utilidad práctica con un profundo simbolismo. Esta práctica ancestral y ritual busca la protección divina para los peregrinos, fomentando su sentido de fe, esperanza y generosidad. Aunque tiene sus raíces en la Edad Media, sigue siendo relevante para peregrinos de todas las creencias en la actualidad.

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