Los milagros de San Veremundo en Villatuerta

Los milagros de San Veremundo en Villatuerta
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La fascinante historia de Villatuerta, bajo el gobierno de la Orden de San Juan de Jerusalén, está profundamente entrelazada con la figura destacada de san Veremundo, un hombre extraordinario y sabio que dejó una huella indeleble en el Camino de Santiago a su paso por Navarra. Nació en Arellano o, según algunos informes, en Villatuerta. A los doce años, alrededor de 1032, fue aceptado en el monasterio de Irache, donde su tío Muni era el líder. Con una gran devoción por la Virgen María, se decía que Veremundo conversaba con la imagen en la iglesia del monasterio. Tras la muerte del abad Muni, Veremundo fue elegido como abad alrededor de 1052.

Los milagros de San Veremundo

Su reputación como hacedor de milagros se extendió rápidamente, siendo conocido por su generosidad con los peregrinos. Según la tradición, en una ocasión, cuando fue sorprendido por el abad con las manos llenas de comida destinada a los peregrinos, Veremundo mintió piadosamente diciendo que llevaba flores, y de repente, rosas comenzaron a caer de su hábito.

Para cuidar a los caminantes, el santo hizo que manara vino de una fuente cercana al monasterio.

Un grupo de viajeros llegó al monasterio y Veremundo los acogió. Al preguntarles de dónde venían y qué habían observado en el camino, no pudieron responder, ya que no habían prestado atención a nada. Veremundo, entristecido por tanta indiferencia hacia las maravillas de Dios, exclamó: «¡Contemplaré el mundo!». Los viajeros fueron transformados en molinos de viento, condenados a girar perpetuamente sin avanzar ni cambiar su perspectiva.

Además de sus prodigios, Veremundo desempeñó un papel fundamental en la construcción y organización del Camino de Santiago, y estuvo vinculado a tres dinastías reales. Fue confesor de García el de Nájera, amigo íntimo de Sancho el de Peñalén —a quien obsequió una espada para la guerra—, y asesor de Sancho Ramírez en la repoblación de Estella con colonos francos. Su influencia trascendió las fronteras terrenales, ganándose el reconocimiento santo un siglo después de su fallecimiento.

Los restos de san Veremundo son objeto de veneración y devoción cada cinco años en la iglesia parroquial, y durante otros cinco años en la villa de Arellano, que también reclama el honor de ser su lugar de nacimiento. Su legado perdura en la memoria y en la esencia espiritual del Camino, inspirando a generaciones de peregrinos y viajeros en su búsqueda de lo sagrado y lo mágico.

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