Jesús Arias Jato, conocido afectuosamente como «el Jato», desempeña el noble oficio de hospitalero en Villafranca del Bierzo. Su labor es una tradición arraigada en la acogida, un faro en momentos de soledad en el Camino de Santiago, encendiendo cálidas luces cuando el invierno oscurece la senda.
Desde tiempos remotos, antes del resurgimiento del Camino de Santiago, Jesús, al igual que sus padres y abuelos, ha dedicado su vida a esta vocación. Reconocido en los cinco continentes, su presencia es una referencia en la literatura relacionada con el camino. Para muchos peregrinos, especialmente los más experimentados, es un personaje venerado, aunque para otros puede resultar controvertido. Sin embargo, nadie puede permanecer indiferente ante Jesús Jato, el hospitalero del Camino de Santiago en su refugio «Ave Fénix» en Villafranca del Bierzo, situado cerca de la iglesia de Santiago y de la casa en la que nació. Allí, aún recuerda las historias de su abuela sobre el antiguo hospital del Lazareto.
Llegar al Ave Fénix y presenciar a Jesús realizando sus «pases mágicos» para aliviar las penurias de un peregrino es una escena común. Después de unos minutos, Jesús se toma un momento y pregunta al peregrino: «¿Cómo te encuentras?». La respuesta es casi siempre de asombro y alivio: «Increíble, Jato, ya no siento dolor alguno». Un grupo de expectantes observadores queda boquiabierto mientras la voz de Jato vuelve a sonar: «Si hay algún roncador, que se dirija a la habitación de roncadores». Jesús, entre otras habilidades, posee un don de sanación.
El Ave Fénix, erigido literalmente por las manos de Jesús y con la ayuda de numerosos voluntarios y peregrinos, surgió de las cenizas de unos antiguos invernaderos tras un devastador incendio provocado, aparentemente, por un peregrino belga en 1989. Desde entonces, se ha reconstruido meticulosamente, seleccionando cada piedra con esmero. Jesús no escatima en detalles al señalar: «Esta piedra proviene de la catedral de Colonia, aquella es del monasterio de Obona».
¿Quién es Jesús el Jato?
Jesús es no solo un taumaturgo, sino también galardonado con el «Premio Elías Valiña» por su contribución a la recuperación del Camino. Aunque su albergue a menudo provoca debates debido a su enfoque austero, él argumenta: «Si no les gusta, siempre tienen el parador como opción». También hay quienes lo acusan de haber introducido la práctica de los «coches portamochilas» y otros incluso insinúan que se ha enriquecido a expensas de los peregrinos. No obstante, cualquiera que visite su albergue pronto se dará cuenta de que Jesús es rico, pero en amistades.
La comida en el Ave Fénix, aunque sencilla, es abundante y se comparte entre todos los presentes. Una regla fundamental es que nadie sirve a nadie, lo que da lugar a un constante intercambio de platos por toda la mesa. Si alguien tiene interés en escuchar sus vivencias, probablemente se topará con relatos como aquel sobre el Cardenal Suquia que durmió en el suelo, cerca del pozo, antes de la visita del Papa.
Jesús se adentra en un extenso monólogo sobre cómo ha evolucionado el Camino y critica con vehemencia los albergues privados, a los que considera carentes de alma, lamentando que este enfoque esté matando la esencia del Camino. Él mismo vivió la hospitalidad cuando su camión se averió y el Abad de Leyre lo acogió en la cripta románica, una experiencia que agradece profundamente.
La anécdota de los franceses es bien conocida por muchos, pero Jesús siempre está dispuesto a relatarla para quien quiera escucharla. La situación llegó a tal punto que colocó un cartel en español y francés que decía: «Messieurs et mesdames; té 20 pesetas, calentar agua para el té 100 pesetas, megso vocú». Incluso tuvo que enfrentar un embargo por ciertos escombros de las obras, anunciando en la prensa de León la subasta de tres gallinas y un viejo coche para saldar la deuda impuesta por el ayuntamiento.
El día a día del peregrino puede ser arduo, pero mientras lugares como el Ave Fénix y personas como Jesús estén dispuestas a iluminar el camino solitario, la travesía se torna más llevadera. Que el Apóstol bendiga a todos aquellos que contribuyen a esta causa.
